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Para llegar a puerto

“Jesucristo es el sol que brilla sobre las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía” (Benedicto XVI).

Todos hemos sido llamados a la cumbre más alta y a enfilar mar adentro: Duc in altum. Hemos sido llamados a la cumbre del amor a Dios. Y no hay tarea más noble que la de encaminarnos a esas alturas y ayudar a otros en la ascensión, o a llegar a puerto después de muchos azares: hacer de guía en la vida sobrenatural, pues esta labor, siendo obra del Espíritu Santo, requiere de ordinario la cooperación de otros, a través de lo que se suele llamar dirección o acompañamiento espiritual. Esta práctica secular de la Iglesia “contribuye a formar las conciencias. Hoy más que nunca -enseña Benedicto XVI- se necesitan “maestros de espíritu” santos y sabios: un importante servicio eclesial para el que, sin duda, hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo, mediante la oración intensa y prolongada, y una preparación específica que es necesario adquirir con esmero” (A la Penitenciaría Apostólica, 14-III-2009).

Características

Información adicional

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Número Páginas:

296

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Nº Referencia

1885

16,83

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